Desarrollado en la década de 1830 por Samuel Morse y Alfred Vail, este sistema revolucionó las comunicaciones globales al permitir el envío de mensajes a través de pulsos eléctricos. Su estructura se basa en asignar combinaciones de señales cortas (puntos) y largas (rayas) a las letras del alfabeto y números, priorizando la brevedad para las letras más frecuentes en el idioma inglés (como la letra 'E', representada por un solo punto).
Aplicación Técnica: Aunque la telegrafía comercial ha sido sustituida por medios digitales, el código Morse mantiene una vigencia crítica en sectores de alta especialización. En la aviación, se utiliza para identificar radioayudas a la navegación (como balizas VOR y NDB). En el ámbito marítimo, sigue siendo una herramienta de respaldo para señales de socorro visuales mediante lámparas de señales (lámpara Aldis). Además, es un pilar fundamental en la radioafición debido a su capacidad para propagarse en condiciones de relación señal/ruido extremadamente bajas, donde la modulación de voz o los datos digitales fallarían.
Este codificador utiliza el estándar internacional de tiempos (UIT-R M.1677): un punto equivale a una unidad de tiempo, una raya a tres unidades. El espacio entre elementos de un mismo carácter es de una unidad, entre caracteres es de tres unidades, y entre palabras es de siete unidades, garantizando una reproducción rítmica precisa.